dilluns, 18 de juny del 2012

A veces

A veces a uno le apetece que llegue el invierno, y que caigan las hojas, que se llene todo de un marrón seco y crujiente. Si, a veces a uno le apetece que cruja todo el suelo allá por donde pasa, y que la noche aceche suavemente con un fresco aire otoñal, o más bien que una penumbra rojiza, un ocaso largo y persistente dure toda la tarde, hasta entrar en un cine justo cuando se prende el alumbrado de las calles. Y ver una, dos, tres, cuatro películas de los años cincuenta, en blanco y negro, de tipos duros con sombrero y damas fatales de mirada penetrante que fuman cigarrillos sin parar. Para luego, cuando uno ya no sabe muy bien en que parte del tiempo vive, salir a la calle, ya muy de noche, con el suelo mojado y el barrio desierto, y volver a casa en un taxi amarillo. A veces a uno le apetece cambiar de sitio y de época, de estación y de latitud, de ropa y de zapatos, de pelo y de ADN. A veces, si, solamente a veces.

dijous, 12 d’abril del 2012

El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001)

Es difícil establecer como su mejor trabajo a un autor que firma como obras maestras a casi todas sus películas, pero El viaje de Chihiro en mi opinión llega un poco más lejos que otras obras redondas como La princesa Mononoke o El castillo en el cielo. Miyazaki no solo ofrece un apartado técnico impecable con una historia entretenida y emocionante. El viaje de Chihiro va un poco más allá, algunas de sus imágenes poseen un magia embriagadora (véase por ejemplo el viaje en tren o la limpieza del dios pestilente), y los elementos mitológicos así como la complejidad del argumento y sus personajes hacen que cada revisión de la película sea una nueva experiencia.
Chihiro se pierde en un mundo lleno de seres estrambóticos y es secuestrada por la bruja Yubaba, además sus padres son convertidos en cerdos por la misma y debe deshacer dicho conjuro. Esta surrealista historia representa en el fondo el esfuerzo personal de una niña para superar su etapa infantil y evolucionar hacia la adolescencia. Chihiro aprende durante esta andadura el valor de la amistad, a trabajar para conseguir sus objetivos y a luchar por sus seres queridos sin renunciar a ella misma, algo que todo ser maduro debe asimilar en un momento u otro en su etapa previa a la adultez.
Si bien la película es apta para todos los públicos y edades, ciertamente entra dentro de las obras “adultas” de Miyazaki, y la disfrutaran mucho más personas a las que entre bien la fantasía y sean capaces de dejarse llevar por este mundo un poco incomprensible a veces. Sin duda un regalo para los sentidos y en definitiva una película imprescindible para todos los amantes de la animación.

dimarts, 10 d’abril del 2012

El lado oscuro del corazón (Eliseo Subiela, 1992)

Película sin más pretexto que homenajear a tres grandes poetas sudamericanos, Oliverio Girondo, Mario Benedetti y Juan Gelman, además de la poesía en general. Igualmente la propia película se expresa ella misma como tal, puesto que además de las constantes citas poéticas, abundan planos preciosistas y escenas con importante fantasía lírica.
Eliseo Subiela utiliza como argumento las vicisitudes de un joven soñador (Darío Grandinetti, el cual hay que decir que recita de forma sublime), romántico e incomprendido (como no podría ser de otra manera). Un personaje que busca el amor verdadero, que habla con la muerte y que recita poemas a las prostitutas o los intercambia por bocadillos. Alguien quien más que vivir de la poesía (algo complicado hoy en día), hace de ella su forma de vida. Un recurso un poco exagerado pero que viene ni pintado para expresar toda la carga poética del film, por lo que podemos decir que consigue su propósito de manera acertada, transmitiéndonos tanto entretenimiento como poesía para el goce del espectador.
Apta solamente para almas poéticas y soñadores en general.





Dicotomía incruenta (Oliverio Girondo)

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el precise instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

diumenge, 8 d’abril del 2012

Birra 2012

Fotografia amb una bonica progressió cromàtica de les cerveses elaborades fins ara aquest 2012. D’esquerra a dreta, la afruitada blonde d’estil Belga, una IPA americana amb sabors florals a llúpols i amargor pronunciada, i una stout contundent de 7% d’alcohol i sabors torrefactes intensos.

divendres, 9 de març del 2012

Shame (Steve McQueen, 2011)

Shame es una de esas películas arriesgadas, de las que se ruedan unas pocas al año hoy en día. Gran parte de ellas caen por su propio peso por inconsistentes o pretenciosas, pero éste no es el caso. Steve Mcqueen consigue a base de talento, y ayudado por un convincente Michael Fassbender, un original retrato tratado con el ritmo y la delicadeza necesaria para no caer en esteriotipos ni sentimentalismos, para no aburrir ni llevar una historia de estas características a la vulgaridad.
El guión gira entorno a Brandon, un acomodado soltero con problemas de adicción al sexo y la pornografía, que recibe la visita de su hermana (Carey Mulligan). Éste acontecimiento hará trastocar su vida diaria y en consecuencia un replanteamiento general se su existencia.
El argumento por lo tanto, implica escenas explícitamente sexuales, de las cuales no huye en ningún momento el director, pero transmitidas de una manera en que más bien nos producen preocupación o incluso angustia. Claramente éstas son las sensaciones buscadas para el espectador para reflejar los problemas del protagonista, y de ahí radica el principal acierto para mi en la realización de este film. Además otras escenas no sexuales transmiten igualmente angustia de forma elegante y contundente, como la del intento de suicidio o la marcha de footing por las calles de Nueva York.
Estamos por lo tanto ante una buena película sobre los problemas de soledad e incomunicación de la sociedad actual, contados de una forma original, puesto que no se centra en aspectos sociales ya tratados mil veces en el cine, como las drogas, la prostitución o la violencia, sino en la necesidad de sexo para suplir carencias de afecto o incapacidad para construir vínculos afectivos.

El gat i la cotorra

Heus aquí un gat blanc, amb el ulls verds, vius i cristal•lins. Uns ulls desitjosos de depredador, acompanyats d’unes orelles atentes i multidireccionals, uns bigotis inacabables i una boca petita i punxeguda. És un gat domèstic, viu en un pis del barri de l’eixampla esquerra, un pis gran amb finestres amplies i assolellades. La seva finestra preferida dona al carrer, i el sol hi entra tot el matí amb el permís d’una palmera més o menys propera. El gat blanc s’interessa pels vianants, el trànsit, els insectes i els veïns, però sens dubte, la seva preocupació més important, la seva dèria, el que el manté ocupat quasi tot el dia a la vora de la finestra, és una cotorra verda com una maragda, cridanera com una peixatera, i coqueta com una princesa.
La cotorra, inquieta, vola d’un indret a un altre sense parar, sovint amb branquillons o d’altres objectes al bec per preparar probablement un niu. Les seves plomes colorades i la seva xerrameca porten de bòlit al gat, qui més d’una vegada somia que l’atrapa al vol, saltant per la finestra i aterrant a la palmera amb la cotorra a la boca.
No sabem si la cotorra es sent observada o no, enfeinada com està sempre, per l’ociós gat caçador. Sí sabem del cert però, que coneix de la seva existència, doncs no fa pas massa, en un dia d’aquells en que la mestressa obre de bat a bat totes les portes i finestres, la despistada cotorra va planejar fins a la tauleta del menjador, potser mirant de trobar alguna cosa diferent a les habituals.
El gat, que com sempre voltava a prop, va detectar la cotorra, i posant uns ulls que semblaven sortir-se del cap, sigilosament, es va apropar a dos escassos metres. Durant uns instants, va estar a punt de saltar al coll de l’ocell, com havia somiat innumerables vegades. Però no se sap si per la lluentor de les plomes de colors reflectides pel sol, o per la graciositat i ritme en els moviments de la cotorra, o per la entranyable familiaritat d’aquell massa conegut animal, el gat es va quedar en una posició fixa, mig estirat mig assegut, mig nerviós mig adormit, amb les orelles enfocades endavant i el nas ben arrufat.
La cotorra però, valenta o ingènua, va avançar tímidament però decidida cap al gat, balancejant el cos a cada pas de manera divertida però efectiva. Quan va arribar a un pam del gat, se’l va mirar fixament, amb la expectació atònita d’aquest, immòbil. Va estirar el coll el poc que pot un animal de les seves característiques i amb el seu potent bec va arrancar un bigoti de gat que ja estava mig caigut, a punt de mudar. Es va donar mitja volta, va anar fins a l’extrem de la taula i va aixecar el vol fins a la palmera amb el bigoti agafat al bec.
Ha passat temps des de llavors, i el gat segueix somiant que caça feroçment la cotorra, i no deixa d’observar-la desitjant una segona oportunitat. Aquesta ja quasi ha acabat el niu, un projecte minuciós i complex, i entre branques fils i plomes, un dels pilars bàsics de l’estructura sembla ser un bigoti de gat, dur i flexible, llarg i blanc.

La rajola de xocolata

Us escric perquè necessito expressar-me en aquests moments d’incertesa i transcendència, al menys per a mi. Sé que no és habitual, i que molts penseu en mi només com un divertiment sense res a dir, però vull compartir amb vosaltres la meva experiència vital ara que encara hi sóc a temps.

Em dic Paula, sóc una rajola de xocolata amb un setanta per cent de cacau, vivia una existència plàcida en una tableta més gran, encara per estrenar. No veia l'exterior perquè m'envoltava un paper de plata i un altre paper de colors i lletres llampants a sobre d'aquest, però probablement estava a l'estant d'una botiga o un supermercat.
La meva ubicació era cèntrica, m'envoltaven vuit rajoles més, la Maria, la Marina, la Marta, la Mònica la Marga, la Martina, la Mireia i la Montserrat. M'avenia molt be amb totes elles, inclòs amb la Mònica, que de vegades no estava ben vista per les altres per portar un seixanta nou per cent de cacau.
Sabíem que no sempre estaríem així, el futur és incert per éssers de consum com nosaltres, desconeixíem si acabaríem desfetes al foc, o trencades a trossets i mastegades, o assecant-nos abandonades al racó d'un armari, ignorades per un massa atapeït consumidor. Som dures i amargues, en som conscients, però també tenim un toc de dolçor, i gaudim de la nostra condició de portadores d'aroma i sabor.

Finalment avui ha passat. Ha anat tot molt de pressa, hem sentit com ens movíem, que ens passaven un làser per sobre i que ens passejaven fins a quedar immòbils. Però ha durat poc, unes hores, tres com a molt i em vist la llum. Un xicotet ha trencat el paper i ha partit la tableta per un costat. S'ha endut la Martina, la Mireia i la Montserrat. Jo he quedat al descobert. He vist com se les enduia a la boca sense pensar-s'ho massa, amb les meves veïnes a una mà i un tros de pa a l'altre. Anava alternant les mossegades mentre destrossava les rajoles una per una. He tingut por, però també goig, de com el nano posava cara de felicitat, de com gaudia olorant, assaborint, empassant. Sé que seré la propera, però ja no estic temorosa, és el meu destí, la meva raó de ser, i la tinc assumida, i sé que el meu desenllaç serà de la millor manera possible, fent feliç a un infant afamat.